Horacio relató su infancia marcada por violencia doméstica, con su padre agrediendo a su madre y vicios que lo llevaron a abandonar estudios, pensar en suicidio y tener una relación tóxica con su esposa.
La pareja enfrentó deudas, adicciones extremas al cigarrillo y alcohol, y prácticas espirituales erradas como visitas a casas de espíritus y cementerios, sin encontrar salida pese a esfuerzos económicos.
Al ver el programa Pare de Sufrir en TV, participó en una reunión de la Iglesia Universal, donde entendió problemas espirituales, dejó vicios, durmió tras años de insomnio y bautizado recibió el Espíritu Santo. Su familia se transformó, conquistaron estabilidad económica, casa propia y felicidad.