Los bombardeos en guerras liberan partículas PM2.5 y PM10, metales pesados y humo negro que viajan kilómetros, contaminando aire, pulmones humanos, plantas y agua potable. Afectan refinerías, plantas desalinizadoras y cloacas.
En Medio Oriente y Golfo Pérsico dependen de desalinizadoras atacadas. Consecuencias duran años en aire, agua y suelo, haciendo irreproducible la tierra.
Panelistas destacan impacto prolongado en salud y naturaleza de ataques a infraestructuras energéticas.