El truco, casi deporte nacional argentino, originó en el mundo árabe del siglo XV con la palabra truc o truch que significa engaño.
Pasó a España en la Edad Media con barajas españolas similares a otomanas, y fines del siglo XIX inmigrantes lo trajeron al Río de la Plata, donde argentinos modificaron reglas y valores de cartas, diferenciándose del uruguayo y brasileño.
Se juega de a dos, cuatro o seis personas, con picardía, asado, vino y grandeza.