El pastor de Iglesia de la ciudad concluyó su enseñanza advirtiendo que cualquier doctrina que eleve al hombre a una posición de superioridad respecto a Dios debe rechazarse, ya que hacer pactos con Dios no es bíblico porque Cristo ya estableció el definitivo sellado con su sangre.
Explicó la diferencia entre votos personales, permitidos con cuidado como el de Jefté con su hija (interpretado mayoritariamente como consagración virgen al templo, no sacrificio), y pactos mutuos que obligarían a Dios, imposibles porque el hombre no puede exigirle nada al Señor. Destacó que romper votos es pecado y traición que estorba la relación con Dios, citando Salmo 15 y ejemplos bíblicos.
Enumeró pactos bíblicos entre personas (David con Jonathan, Josué con Gabaonitas, matrimonial) y los iniciados por Dios con el hombre (diluvio con arco iris, Abraham con circuncisión, Moisés con tablas de la ley, David con trono eterno, nuevo pacto en sangre de Jesús), enfatizando que Dios siempre toma la iniciativa y el hombre no puede obligarlo mediante ofrendas.
Insistió en que el ser humano no tiene autoridad para ordenar a Dios ni ponerlo en exigencias, pues Dios es soberano y Padre bueno que bendice abundantemente a quienes le obedecen, sin necesidad de pactos para obtener bienes materiales como autos o casas.