El jubilado Armando, de 78 años, laburante despedido en ferrocarriles y gráfica durante el gobierno de Menem, relató en vivo cómo raciona milanesas cortándolas por la mitad para dos días y elige qué remedios comprar según el dinero que le alcanza con su jubilación mínima más un poco por 30 años de aportes.
Armando mostró sus anteojos pegados con cinta, piernas hinchadas, una montaña de remedios caros que no puede pagar todos y contó que vive viudo en una casa propia en Aedo que compró con indemnización, puso un kiosco que fundió con De la Rúa y Macri, y ahora ayuda a su hijo con tres nietos mientras toma pastillas para dormir por la tristeza de un país rico donde laburó toda la vida sin ser chorro.
En la marcha de jubilados todos los miércoles afuera del Congreso, donde protestan contra precios de remedios y represión policial con gases y palazos, Armando vendía diarios Crónica en la costanera en mejores tiempos y criticó a políticos como Menem, ahora dice que no le alcanza ni para gaseosa de 2 mil pesos ni arreglos en la casa de 70 mil, y ve Crónica en una tele vieja.
Los panelistas se conmovieron, abrazaron a Armando por móvil de Emma Herrera, lamentaron la injusticia de llegar a viejo así solo y despreciado por gobiernos que los fundieron, y cerraron emotivos deseándole fuerza en este país donde no importan los jubilados.