Hernán sufrió ataques de pánico, depresión y adicciones a cigarrillos, alcohol y drogas, tomando cuatro pastillas diarias y tirando su carrera por falta de dirección.
Tras apartarse de Dios, recayó peor con desmayos, insomnio y vacío, hasta recordar su felicidad pasada al pasar por una Iglesia Universal drogado y decidir entrar.
Una oración sincera al altar inició su cambio; perseveró en reuniones, obedeció la palabra, se liberó de adicciones, durmió y recibió el Espíritu Santo, logrando paz y bendiciones.
Invita a quienes se apartaron a volver, recordando momentos felices con Dios para completar la obra.
El programa enfatiza que con fe en Dios vivo se puede vencer y cambiar la historia.