Cada vez más familias argentinas recurren a prestamistas del barrio porque no acceden a créditos bancarios, tarjetas ni supermercados, y la plata no alcanza para fin de mes.
Una mujer en comedor comunitario pidió 50 mil pesos hace cuatro meses y debe devolver 100 mil el 5 de mayo, sin trabajo en blanco. Otro trabajador de repulgue labura 12 horas diarias de lunes a viernes y no cubre alquiler ni familia con un niño de 3 años.
Personas con ingresos blancos toman múltiples préstamos; uno vive con 700 mil pesos pero se queda sin plata en dos días. Los prestamistas cobran el doble más intereses diarios de 10 mil pesos, y retienen bienes como televisores si no pagan.
El endeudamiento crece con consecuencias terribles, ya que ni pidiendo préstamos llegan al mes.