Un actor vende en Leiva Joyas un prendedor de época de los 40 y un reloj con diamantes de su abuela por 1.100.000 pesos redondeados en efectivo, para financiar su viaje a Europa ante la falta de futuro en Argentina.
El tasador mide piedras, antigüedad y estado, manejándose con precios internacionales de coleccionistas, destacando el diseño particular y funcionamiento del reloj.
El cliente, encontrado por internet vía TV, queda conforme y el comercio lamenta la emigración juvenil por la crisis económica.