La marea roja, causada por proliferación de microalgas tóxicas en el Pacífico de Costa Rica, paralizó granjas de ostras y camarones, generando pérdidas de 20.000 dólares para Carol Peñaranda y su familia durante tres meses de prohibición de ventas por Senasa.
Productores como Raimundo en Isla Cedros reportan paralización casi permanente, robos de motores y uso de kayak a los 70 años para mantenimiento, con pérdidas adicionales de 25.000 dólares. Restaurantes perdieron 100.000 camarones por baja de oxígeno, recurriendo a proveedores externos.
El ingeniero Alexander Kaune desarrolló un sistema de alerta temprana con datos satelitales enviado por WhatsApp, presentado a tour operadores como Juan Gabriel Peñaranda en Isla Tortuga para anticipar el fenómeno y evitar pérdidas.
La Comisión de Marea Roja carece de presupuesto para implementar la alerta, realiza monitoreo mensual en granjas y agua. Pescadores como Carlos van más lejos por pulpo y langosta, enfatizando la necesidad de mar limpio para biodiversidad y economía local.