El pastor concluye su enseñanza sobre el llamado de Dios a trabajar en su viña enfatizando la parábola de los dos hijos, donde el primero dice no pero obedece, mientras el segundo promete sí pero no va, advirtiendo que muchos creyentes prometen servir a Dios pero postergan el llamado con excusas como familia o trabajo.
Relata un accidente fatal en Chile de un joven argentino de rasta que viajaba cerca de Tierra del Fuego; chocó contra un cartel, murió instantáneamente y Silvia certificó su deceso antes de que llegaran carabineros o ambulancia. Evangelistas caminantes lo vieron en migraciones la noche anterior, charlaron de clima y música pero nadie le habló de Cristo ni la eternidad.
El pastor lamenta que el joven estuviera rodeado de evangelistas pero no oyera el mensaje de salvación, destacando que la vida es incierta y las oportunidades limitadas. Insiste en la urgencia de ser testigos de Jesucristo en todo lugar, sin avergonzarse en colas, redes o trabajo, respondiendo ya al llamado para llevar la gloria de Dios al mundo.
La desobediencia trae maldición como en Adán, mientras poner a Dios primero bendice familia y necesidades. Obediencia vale más que promesas o canciones; aplazar acumula deudas espirituales y cierra puertas eternas.