El 26 de abril de 1986, el reactor 4 de la central nuclear de Chernobyl explotó durante una prueba nocturna, liberando material radiactivo equivalente a 900 veces la bomba de Hiroshima, debido a errores operativos y defectos de diseño.
El grafito ardió 10 días, contaminando Europa desde Suecia hasta Turquía vía nubes radiactivas. La URSS ocultó el desastre: evacuaron Pripyat 36 horas después, sin informar a la población; Gorbachev habló recién el 14 de mayo.
Liquidadores expuestos a dosis letales limpiaron la zona; 134 sufrieron síndrome de irradiación aguda. Se construyó un sarcófago temporal y luego una estructura de contención para 100 años, ahora amenazada por la guerra en Ucrania.
El accidente impulsó movimientos antinucleares globales: Italia cerró sus centrales en 1990; Alemania decidió salida gradual en 2001 bajo Joschka Fischer y Gerhard Schröder. Hoy, crisis energéticas reviven debates pese a lecciones de salud y riesgos.
Testimonios de evacuados y liquidadores como Mirny y Galina Bochko destacan trauma psicológico y contaminación persistente.