La empresa de colectivos que opera líneas como la 707, 373 en zonas de San Isidro, Olivos y Martínez anunció su quiebra, dejando a 420 trabajadores y sus familias en la calle sin sueldos ni perspectivas inmediatas. Los choferes protestan en la terminal de José López Suárez, exigiendo explicaciones del dueño que no aparece y telegrama de renuncia para que otra empresa los absorba.
Trabajadores como David, con 16 años en la firma, y Juan, con 27 años, relataron pagar sueldos en cuotas desde hace 15 meses, sin viáticos, uniformes ni aumentos. Familias dependen de ayuda de parientes para comida básica, mientras enfrentan deudas, alquileres y cortes de luz inminentes.
Las unidades están en estado crítico: micros de 2003 a 2015 con neumáticos gastados, motores defectuosos, sin limpieza ni mantenimiento, pese a subsidios estatales para renovación que nunca se usaron. Los empleados culpan a la mala administración empresaria y al Estado por falta de control de la CNRT.
Critican al gobierno nacional y provincial por recortes en subsidios y pase de responsabilidades, argumentando que la plata de la SUBE no llega a las empresas. Líneas clave mueven público cautivo en zona norte del Gran Buenos Aires, y los trabajadores temen discriminación por edad al buscar nuevo empleo.
Recibieron donaciones de vecinos e Italpam, pero insisten en que el Estado debe garantizar liquidaciones y absorción rápida por otras firmas para evitar colapso total del servicio.