El pastor doctor Suárez continúa su prédica explicando el Salmo 42, escrito posiblemente por David, donde un abismo llama a otro, comparándolo con pecados que atraen más pecados como cascadas que cubren a las personas.
Advierte sobre la necesidad de velar y autoexaminarse para evitar complicaciones espirituales, recomendando ayuno si se siente peligro, aunque no sea necesario mientras Dios usa al siervo.
Contrasta las aflicciones nocturnas con la misericordia diaria de Jehová, que se renueva cada mañana como el sol. Exhorta a rechazar males en oración, alabando de noche y orando como cántico, emulando a David adorador y guerrero espiritual.