El conductor lanza un extenso monólogo criticando al presidente Javier Milei por falta de humildad y desconexión con el pueblo argentino, recomendándole arrodillarse para mirar a la gente a los ojos en lugar de estirarse.
Relata anécdotas personales de su vida en el interior del país, enfatizando la necesidad de oler la naftalina y kerosene de los argentinos comunes, tocar sus manos ásperas y entender su realidad cotidiana.
Acusa al gobierno de soberbia, prohibir periodistas en Casa Rosada y priorizar economistas sobre problemas reales como jubilados y discapacitados, comparándolo con autoritarismo y dictadura.
Critica el plan económico sin corazón, el frío que pasa la gente y el desempleo que afecta incluso a sus hijos, exigiendo cambios y empatía en democracia.
Contrasta con gobiernos anteriores como Cristina y Alberto, pero afirma que todos contribuyen a hacer mierda el país, y urge a Milei dejar la reelección y enfocarse en el hambre de los chicos.