El sargazo tiñe de marrón las costas turquesas de México, impidiendo el baño y cubriendo la arena, lo que ahuyenta turistas y perjudica negocios locales y la economía.
Las algas flotantes bloquean luz solar, reducen oxígeno y liberan gases fétidos al descomponerse; su limpieza es costosa y regresa anualmente por calentamiento global.
Turistas cancelan reservas ante el olor y la imposibilidad de disfrutar playas, una industria clave en la zona.