Israel estableció una línea amarilla en el sur del Líbano abarcando 500 kilómetros cuadrados y 50 localidades, tras ataques continuos pese al cese al fuego. Pueblos libaneses quedaron demolidos por bombardeos y avances terrestres contra Hezbollah.
Las Fuerzas de Defensa de Israel detectaron un dron de Hezbollah desde Líbano que activó sirenas en Galilea Occidental, interseptado por temor a fragmentos. Otras alertas fueron falsas.
Israel destruyó más de 50 infraestructuras de Hezbollah, incluyendo subterráneas y armamento en habitaciones infantiles, denunciando uso de espacios civiles.