Los conflictos bélicos entre Estados Unidos, Israel e Irán generan millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono por bombardeos a infraestructuras energéticas, bases militares y zonas urbanas.
Zuleika reportó que los incendios en refinerías y depósitos de combustibles liberan gases contaminantes, intensificando el calentamiento global. La destrucción de edificios civiles produce más CO2 en demoliciones y reconstrucciones, según organizaciones como la Media Luna Roja iraní.
Los ataques en Líbano amplifican el impacto ambiental más allá de las fronteras, amenazando el equilibrio medioambiental global. Los científicos coinciden en que estos daños deterioran la calidad de vida en zonas de guerra como Medio Oriente y Europa por Rusia-Ucrania.