Un hombre armado irrumpió en la cena de corresponsales en un hotel de Washington durante el discurso del presidente Donald Trump, disparó una escopeta contra un agente del servicio secreto y fue reducido por efectivos de seguridad que se le tiraron encima.
Expertos en seguridad como Guillermo Willy Iglesias analizaron fallas graves en los perímetros de protección: el atacante, Thomas Cole Thomas Allen de 31 años, ingresó al hotel con un arma larga calibre 270, una pistola, cuchillos y evadió controles. Analistas destacaron la falta de trazabilidad de huéspedes, detección de armas registradas y medidas físicas como detectores en las 48 horas previas al evento.
Tomás Mujica, analista internacional, evaluó que Trump capitalizará el atentado en su narrativa de presidente disruptivo, similar al disparo en la oreja durante la campaña, comparándolo con históricos magnicidios como Lincoln y Kennedy. Señaló el equilibrio entre victimizarse sin mostrar debilidad ante problemas domésticos y la guerra en Medio Oriente.
La portavoz Carolyn Leavitt anticipó "disparos" en el discurso ácido y humorístico de Trump ante la elite periodística. Periodistas robaron botellas de champagne post-evacuación. El atacante corrió hacia detectores asumiendo captura, en patrón de "suicidio por policía", neutralizado por tacleo sin disparos letales.