El Pastor León inicia una prédica basada en el Salmo 42, comparando el alma sedienta con un ciervo que brama por corrientes de agua.
Explica que el alma debe clamar por el Dios vivo día y noche, rechazando imágenes o fotos de Dios, y confiando solo en su palabra para ver su poder.
Describe la angustia del salmista, comiendo lágrimas mientras otros cuestionan dónde está su Dios, recordando tiempos de alegría en la casa de Dios.
Invita a derramar el alma recordando multitudes en fiesta alabando a Dios.