Pasajeros en Plaza Italia, Palermo y Constitución reportaron esperas de 15 a 40 minutos o más por colectivos con frecuencias reducidas, agravadas por el frío otoñal, aplicaciones inexactas que no coinciden con la realidad y viajes que se duplican en tiempo, como de media hora a una hora hasta Barracas.
La periodista María Luján recolectó testimonios de trabajadores saliendo del turno nocturno que denunciaron hacinamiento, vehículos sucios, boletos onerosos y un servicio peor que en gestiones anteriores, con críticas directas como que La Libertad Avanza no llega como los colectivos y es un gobierno depredador que ignora necesidades públicas.
Las demoras impactan laboralmente con llegadas tardías al trabajo, complican combinaciones de tren, subte y colectivo especialmente fines de semana, y rompen estructuras familiares al obligar a malabares para cuidar hijos sin comedores escolares asequibles, generando pequeñas tragedias cotidianas como Uber insuficiente para nafta y comida.
En Merlo, una pasajera agredió verbal y físicamente a un chofer por demora del colectivo, ilustrando la crispación social en una sociedad al borde de la tolerancia, donde el Estado no resuelve un problema básico como el transporte para volver a casa.
Se anticipó otro aumento en boletos, sumando presión en medio de inflación.