Marcelo Champredonde, especialista del INTA Bordenave, detalló que los sistemas pastoriles mantienen animales en pastoreo directo con dieta forrajera, promoviendo sustentabilidad ambiental, productividad de suelos y carnes ricas en ácidos grasos insaturados y vitaminas beneficiosas para la salud humana.
Las ventajas incluyen diversidad biológica, durabilidad territorial, empleo rural y conservación cultural, aunque requieren conocimientos para manejar forrajes estacionales por categorías animales. Las limitantes principales son la demanda del mercado por carnes con grano, que exige ajustes en color, terneza y grasa, además de desafíos productivos como genéticas adaptadas y oferta forrajera estable, especialmente en inviernos crudos del sur bonaerense.
Para productores, implica seleccionar genéticas con facilidad de engrasamiento, estabilizar forrajes y manejar categorías para lotes parejos. En mercados, las carnes a pasto cotizan menos, por lo que se necesitan organizaciones como RASFED o FENUE para valorizar atributos, estabilizar volúmenes y coordinar faena y carnicerías.
Champredonde resaltó oportunidades por la imagen argentina de carne pastoril en exportaciones, demanda creciente de carnes de calidad y sensibilidad juvenil a productos sanos y ambientales. Se promueve comunicación en redes y disponibilidad para habituar consumidores, representando un desafío organizacional para la ganadería argentina.