Camila descubrió huevos de raya vivos en una playa de las Cruces Litoral Central en Chile y los llevó a la Estación Costera de Investigaciones Marinas de la Universidad Católica para incubarlos. Verificó su viabilidad a contraluz, acondicionó un acuario y documentó el proceso en redes sociales para educar sobre fauna marina y reducir la brecha de conocimiento ciudadano.
De 124 huevos con embriones vivos nacieron 108 rayas tras cuatro meses, pese a desafíos como fallos en suministro de agua de mar, temperaturas altas y necesidad de presionar huevos para evitar burbujas de aire. Las crías rechazaron alimentos inicialmente, pero se liberaron al mar cuando condiciones eran adecuadas.
Los videos virales de Camila generaron impacto educativo inesperado. Ella se siente como "mamá de rayas" ante el orgullo y pena de soltarlas, consciente de riesgos naturales como depredación.