Mario Marquich recorre una carpintería convertida en museo en Chivilcoy, fundada en 1860 por el bisabuelo del actual dueño, que preserva máquinas de 1890 como motor a vapor sin electricidad, sierra escocesa, tupí para molduras y cepilladora.
El dueño rescató máquinas descartadas de distintas épocas y países, incluyendo la Johnson Sueca única completa, la garlopa peligrosísima conocida como muñeco cuadrado, y la caladora belga con ballesta de madera fabricada en Bruselas; todas se mueven por un eje transmisor con poleas alimentado por la caldera, similar a una locomotora de la revolución industrial que funcionaba todo el día.
Se muestran motores a vapor de distintos tamaños de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, usados en industrias lácteas y frigoríficos; un motor inglés pequeño se pone en marcha condensando agua, y un locomóvil transportable mecanizó la agricultura argentina originando el tractor a vapor.
El periodista concluye convencido de que cuidar estas reliquias ayuda a saber de dónde venimos, cómo vivíamos y mirábamos el futuro, rindiendo tributo a la argentinidad hecha con lucha, esfuerzo e ingenio.