El gobierno japonés habilitó la venta de armamento, como misiles y buques de guerra, a aliados como EE.UU., Reino Unido y Australia, rompiendo con su tradición pacifista del artículo 9 de la Constitución de 1947.
La primera ministra Sanae Takeichi justificó la medida afirmando que ningún país puede protegerse solo, en medio de tensiones regionales con China, Corea del Norte y Rusia. Japón firmó acuerdos por 6.500 millones de dólares para buques a Australia y planea con Filipinas e Indonesia.
La decisión genera protestas opositoras internas y preocupación en China, que acusa a Japón de crear un clima de confrontación. Incluye presupuesto récord de defensa, desarrollo de misiles balísticos y inversión en drones y startups de defensa.
Empresas como Mitsubishi Heavy Industries aceleran producción de misiles de largo alcance. Analistas ven esto como fortalecimiento de la visión en el Pacífico ante amenazas comunistas.