Elisa, guía ecuestre alemana radicada en Islandia desde los 18 años, prepara 200 caballos en el centro hípico Ishtar cerca de Reykjavik para tours con turistas que duran horas o días.
Los guías montan caballos menos dóciles, fijan rutas, vigilan grupos y toman fotos, lidiando con principiantes inestables o confiados. Los caballos islandeses, pequeños y robustos, únicos en el país, son dóciles y parte del patrimonio cultural, ideales para terrenos escarpados.
Elisa destaca paisajes cambiantes y avistamientos como zorros árticos, pero lamenta problemas de espalda por montar 6 horas diarias y bajos sueldos de 4100 dólares mensuales en un país caro. Requiere ser buen jinete, hablar inglés y ser abierto; europeos trabajan sin visa.
Finalmente, Elisa puntúa su empleo soñado como 8 sobre 10 por la pasión por los caballos pese a desventajas.