Delincuentes mataron a tiros a Agustín Rivero, de 21 años, a 50 metros de su casa en Temperley, tras robarle celular y mochila cuando volvía de estudiar derecho en la Universidad de Lomas de Zamora. El joven entregó sus pertenencias, pero recibió un disparo en el abdomen de un Volkswagen Voyage negro con cuatro o cinco ocupantes, muriendo minutos después en el Hospital de Banfield pese a auxilios de vecina Nadia.
Los criminales usaban vehículos robados previamente esa tarde: el Voyage en San José y una Renault Kangoo gris como apoyo, encontrados después en Lanús, Monte Chingolo y Avellaneda. Policía detuvo a Lautaro Silva (21 años) y Miguel Silva (25 años), pero dos prófugos siguen libres. Imputan homicidio agravado por uso de arma en población y banda, en concurso real con robos de autos, con pedido de 35 años de prisión.
El barrio llora al pibe querido, criado como hijo por vecinos; su padre presenció el robo sin reconocerlo al atardecer, y la madre siente culpa por insistirle en ir a clase de inglés pese a siesta. Panelistas expresan bronca: entregaba todo pero lo mataron por un celular, posiblemente para droga o venta rápida, con dos impactos en vereda sugiriendo intención.
Debate sobre disparo accidental vs intencional, marginalidad de victimarios y fracaso judicial; psicóloga destaca trauma familiar inesperado pese a entrega de bienes. Investigación rastrea celulares y videos de seguridad.
Voces en panel claman justicia firme, cadena perpetua real y prevención, condenando desvalorización de vida por celulares de bajo reventa.