Mariana Genesio Peña detalla sus escenas de besos en novelas como Pequeña Victoria con Facundo Arana, El Fin del Amor con Lali y El Marginal con Claudio Ricci. Explica que los besos no se ensayan, son espontáneos aunque coreografiados, y las escenas de sexo requieren charla previa sobre límites como lengua o mostrar partes del cuerpo. En El Marginal, participó en escenas violentas que la marcaron profundamente, ayudándola a demostrar su talento actoral tras la fama por el Oscar de su exesposo.
Mariana cuenta cómo empezó su carrera en Córdoba trabajando en boliches y desfiles, pese a la oposición familiar que prefería una profesión seria. Revela su transición trans entre los 19 y 20 años, sintiéndose mujer desde los 5 o 6 años con brotes de frustración. Describe el pánico infantil al ver el mundo binario y la travesti del barrio, sumado a discriminación social y familiar, aunque hoy goza de privilegios por su fama.
Admite que ser trans implica más sufrimiento, coraje y exclusión, incluso preferiría que sus hijos no lo sean. Recibe mensajes de chicas trans y padres pidiendo consejos, compartiendo su experiencia sin fórmulas mágicas. Tras el corte publicitario, habla de frustraciones en castings y rechazos dolorosos, comparándolos con desengaños amorosos, y destaca como momento feliz su protagónico en Pequeña Victoria.
En el juego final, dice algo lindo y feo de Roberto Piazza (le dio su primer trabajo pero critica sus tatuajes y pensamiento), Verosinas (graciosa pero la echó de un motorhome por el aire) y Sebastián Ortega (contenedor pero no la pone de protagonista). De sí misma, valora su humor pero confiesa ser muy celosa de amistades y atenciones ajenas.