La guerra entre Israel y Hezbollah reaviva grietas sectarias en Líbano, similar a la guerra civil de 1975-1990, con riesgo de colapso estatal por fricciones entre Hezbollah shiita respaldado por Irán y oposición cristiana, sunita y drusa.
Hezbollah se niega a entregar su arsenal mientras rivales lo acusan de secuestrar la soberanía. Excombatientes como Siabzab y Rafik Sahahi advierten que la polarización en universidades y jóvenes radicalizados prepara un nuevo conflicto interno.
Las tropas israelíes permanecen en el sur del Líbano y Hezbollah rechaza desarmarse, lo que actúa como receta para confrontación interna donde el pasado de 1975 y el presente de 2026 son trágicamente la misma historia.