Un nuevo documental cuestiona la versión clásica del caso Gilda Murano, la envenenadora serial que mató amigas para ocultar estafas, y sostiene que el cianuro estaba en saquitos de té, no en masitas como se creía.
Especialistas explican que el veneno se introducía en el té, origen de uno de los casos más morbosos de la crónica criminal argentina. El hijo de Gilda buscó terminar su legado pero lo inmortalizó como la criminal más pop, con muñeca y recreaciones televisivas erróneas.
No peritaron masas por descomposición corporal que genera cianuro, complicando pruebas. Gilda devolvía dólares falsos y fue delatada por el falsificador. Recrean escenas como la de Nacha tirando veneno al té.
El panel lamenta haber vivido engañados y destaca el morbo único del caso.