El pastor concluye que Dios recompensa con premio eterno a quienes sufren por fidelidad al Señor en sus trabajos, hogares y vidas santas.
Exhorta a los jóvenes que mantienen santidad, padres confiados y trabajadores íntegros, asegurando que hay galardón divino por esa obediencia. Invita a bendecir el nombre de Dios y dar gloria en la mañana por esa promesa celestial.
El mensaje enfatiza que el premio está reservado para los fieles que perseveran pese al sufrimiento causado por su lealtad a Dios.