Silvio Soldán visita La Cocina Rebelde como invitado especial, presentado como el mejor conductor atemporal. El equipo lo elogia y decide jugar ping-pong de preguntas y respuestas.
Las chicas muestran fotos de su colegio secundario serio con monjas, uniformes y pelucas de la época a los 16 años. Identifican a Luisa con flechita y recuerdan que no los dejaron ir a votar por ser serio.
Silvio cuenta chistes zafados como por qué las monjas no usan sandalias porque son devotas, y menciona sus 57 años desde 1969. Eligen ping-pong para medir el nivel intelectual de las integrantes.