Los participantes de Gran Hermano continuaron armando el dominó gigante, probando caídas en curvas, escalones y desniveles, ajustando distancias precisas con medidas como cucharada o cuatro-seis dedos para asegurar el efecto dominó perfecto.
Trabajaron en equipo dividiendo tareas, colocando dominós dorados primero, separando piezas para evitar colapsos totales, y manejando curvas en abanico mientras corrían con cuidado para no derribar nada en el piso irregular.
Bajo presión de dos horas, expresaron miedos por quedarse sin piezas o distancias incorrectas, probando repetidamente y refinando posiciones, con el panel comentando la dificultad y originalidad de la actividad.
El armado avanzó por el jardín, cocina y más, con instrucciones constantes y torpezas, pero manteniendo el ritmo pese a complicaciones.