Patricia, madre soltera, enfrentó crisis con su hijo Felipe diagnosticado autista: se autolesionaba, agredía, no duraba en escuelas ni empleos. Conoció a Gilson, quien la llevó a la fe en Jesús y oró por el niño.
Gilson rechazó el autismo como obra del diablo, oró y al instante Felipe cambió: abrazó a su madre y pidió jugar. Dejaron medicamentos; Felipe mejoró, ahora estudia, ayuda compañeros, es cariñoso y ama la Biblia.
La familia vive en paz; Felipe dice "mamá te amo" y es orgullo del hogar gracias a la fe perseverante.