La familia de Lautaro, un adolescente de 17 años de un colegio secundario en Castelar, denunció que lo imputaron injustamente por una supuesta amenaza de masacre. Un menor de primer año lo acusó de pedirle un fibrón para escribir en el baño que habría un tiroteo al día siguiente, pero no existió ninguna pintada ni amenaza materializada.
Los padres, Paola y Hugo, contaron que el colegio revisó cámaras que muestran a Lautaro con dos amigos en el baño, pero por descarte lo señalaron a él por tener cejas anchas. La abogada de la familia criticó la falta de protocolo educativo y que la justicia lo imputara solo por dichos de un tercero, con penas de 2 a 6 años por intimidación pública, sin pruebas fácticas ni testigos directos.
El adolescente sufrió bullying en TikTok por su apariencia y el colegio exige un examen psicológico forense costoso para que siga cursando, aunque sus compañeros lo apoyan. Los padres relataron cómo los llamaron asustados desde dirección, donde la directora los presionó durante horas sin notificarles antes.
El reportero Guido Korman desde la puerta del colegio informó sobre el pánico generalizado por amenazas en escuelas, con otros chicos interrogados y patrulleros enviados a casas. La familia insiste en que Lautaro es un chico ejemplar desde jardín, sin antecedentes, y pide respeto al daño psicofísico causado.
El panel cuestionó la lógica de pedir un fibrón públicamente para una amenaza en contexto de máxima vigilancia escolar y defendió investigar sin estigmatizar inocentes.