Rita, de 27 años, continúa su denuncia exclusiva contra su padre Miguel Rey, conocido como Mica, líder de la Iglesia del Próximo Siglo en El Bolsón, por abusos sexuales, violencia física y psicológica desde su infancia, manipulación económica y posible trata de personas. Describe rutinas horripilantes en casas comunitarias donde niños eran castigados con palizas, expuestos desnudos y obligados a actos sexuales con adultos, mientras su padre observaba y dirigía la secta que se extendía a Buenos Aires, La Plata, Bariloche y Chile.
Explica cómo escapó a los 15 años a la casa de su hermana mayor, pese a los intentos de retención de su padre, y cómo presentó demandas penales por abuso sexual y trata, con declaraciones en Cámara Gesell y pesquisa por lavado de dinero. Revela que la secta sigue activa con al menos seis menores en riesgo, sin escolarización, bajo miedo al infierno y obediencia absoluta, y que su padre acumulaba propiedades y vehículos mediante donaciones manipuladas.
Cuenta las secuelas en su familia: su madre de 62 años con jubilación mínima, sometida económicamente, y hermanos que también salieron, aunque algunos quedaron más tiempo. Denuncia cómplices que cerraron puertas o encubrieron, y pide justicia para que explique el origen de su fortuna y los abusos, destacando la doble moral de un hombre que fuera parecía técnico en sonido y músico con contactos como Luis Alberto Spinetta.
Panelistas destacan la inteligencia perversa del líder, comparan con otras sectas en Córdoba y Palermo, y claman por una ley nacional contra sectas ante el vacío legal que permite libertad de culto sin tipificar manipulación. Rita enfatiza reconocer el miedo como señal de manipulación y busca que la justicia actúe, ya que su padre vive paranoico pero libre, con la secta dividiéndose entre fieles y arrepentidos.
Admite amar a su padre en el pasado pero rechaza empatía por los daños a ella, madre, hermanos y otros, y no quiere cambiar su apellido mientras lucha por explicaciones judiciales, sin importar si termina preso.