Dante Gebel profundizó en su posible candidatura presidencial, aclarando que no tiene ganas pero siente un deber cívico que lo impulsa, aunque prefiere esperar hasta agosto o septiembre tras el Mundial para decidir, priorizando armar un equipo transversal con plan económico factible sin alinearse a partidos como peronismo, PRO o libertarios.
Definió sus valores como familia, palabra y verdad, criticando la crispación política y el caso Adorni, donde opinó que debió dar un paso al costado bajo investigación para preservar la confianza pública, sin juzgar culpabilidad. Se mostró equidistante de Javier Milei y Cristina Fernández de Kirchner, reconociendo que Milei capitalizó el hartazgo generalizado y demolió lo viejo, pero ahora debe construir en la mitad de su gestión.
No votó en las últimas elecciones por desazón ante Sergio Massa políticamente correcto con background conocido y Milei como incertidumbre disruptiva, aunque tal vez hubiera optado por este último. Expresó amistad con Nayib Bukele, separando su persona de la gestión en El Salvador, inadecuada para la complejidad argentina, y comparó a Donald Trump con disruptivos como Menem.
Compartió su origen humilde en Billinghurst, hijo de carpintero y madre que lo impulsó a leer, construyendo éxito con shows globales y estadios llenos sin vivir de religión. Reflexionó sobre propósito vital, existencia de Dios probada por milagros familiares, y vida eterna más allá de la muerte, aconsejando a jóvenes vencer prejuicios con enfoque.
Reiteró no ser pastor sino comunicador de valores, rechazando religión organizada por barreras, y llenando River Arena con diversos públicos creyentes en Dios directo.