En Escobar funcionan tres ferias competitivas una al lado de la otra, donde los vendedores de las más formales compran barato en las informales para revender más caro, formando una cadena de rebusque en tiempos de crisis.
En la Feria Violeta, la más barata, un feriante ofrece puertas recicladas a 25.000 pesos, que en San Telmo valen 300.000 pesos. Otro vende objetos recolectados en casa como compu, tupper y depiladora sin ventas aún; un pintor desempleado tampoco vendió nada. Norma, expulsada de su puesto por prestar 600.000 pesos no devueltos pese a sus 17 años como feriante y enfermedades propias y de su marido, vende ropa usada a 1.000-2.000 pesos y truequea por alimentos.
En La Familia, feria prolija municipal, mantienen precios fijos sin subir por inflación, comprando a recicladores de otras ferias. Los trueques priorizan alimentos como destino final en esta guerra del pobre contra el pobre, donde gente precaria busca dignidad.