Dos periodistas de Berlín descubren un mercado negro de datos de ubicación GPS de celulares, con miles de millones de registros precisos disponibles en internet por poco dinero, reconstruyendo perfiles detallados de movimientos diarios de usuarios desprevenidos.
Los datos, filtrados de apps comunes, permiten rastrear rutinas exactas como hogares, trabajos, paseos con perros o visitas a McDonald's, como en el caso de Emma, cuya vida cotidiana queda expuesta sin su consentimiento. Apps como clima, compras o juegos comparten estos datos con cientos de empresas.
El peligro escala para disidentes como la periodista egipcia Basma Mostafa, perseguida en Berlín por agentes que parecen conocer su ubicación precisa, posiblemente vía estos datos. Soldados ucranianos en trincheras, agentes de la NSA en Alemania y altos funcionarios como John Bolton también son vulnerables, facilitando espionaje, secuestros o ataques.
La industria publicitaria usa estos datos para targeted ads, pero ignora riesgos para criminales como el cártel de Sinaloa o servicios secretos. En Alemania, la app Better Online compartía datos con Amazon y Google, lo que llevó a una inspección de la Agencia de Protección de Datos. Expertos advierten que la falta de regulación en EE.UU. agrava la amenaza global a la seguridad nacional.
Casos reales incluyen el outing forzado de un sacerdote católico Jeffrey Barill vía datos de app de citas gays, y patrones de vida de soldados alemanes y estadounidenses expuestos.