El obispo Spagliat de la Catedral de San Patrick en Nueva York describió al Papa Francisco como un abuelo perdido, rompiendo en llanto al recordar su simplicidad: solo tenía reloj y zapatos en Casa Santa Marta. Confiesa que sin Francisco no habría sido obispo.
En contexto de dualidad en la Iglesia estadounidense, donde Francisco no era tan querido pero ahora se valora, contrasta con apoyo a León XIV. Las iglesias en New York entregan comida a necesitados, mostrando labor social.