Luis Castrucho, inmigrante italiano llegado en 1890, se convirtió en el primer envenenador registrado de Argentina al drogar y envenenar con estricnina y cloroformo a su sirviente Augusto Boullotte Constantin para cobrar un seguro de vida de La Previsora del Hogar, donde figuraba como cuñado.
Castrucho publicó aviso para sirviente, ganó confianza del francés, lo convenció del seguro y lo envenenó gradualmente causándole dolores estomacales fingiendo cuidados médicos, hasta su muerte y entierro en Chacarita pagado por el asesino.
La aseguradora detectó sospechas por contradicciones en relatos y halló libreta con registro codificado de la agonía, condenando a Castrucho a muerte con fusilamiento, indultado por Miguel Juárez Celman a prisión perpetua, donde escribió poesía sobre amor y veneno hasta morir en neuropsiquiátrico.