La casa de Gran Hermano recibió una sanción histórica por escuchar gritos desde afuera: pierden el gimnasio, las piletas climatizada y exterior, el 50% del presupuesto semanal y solo cuentan con una hora de agua caliente por día. El panel criticó duramente la falta de atención a reglas básicas como el "congelado", que obligó a repetir pruebas y afectó el premio total que se habían ganado.
Imágenes muestran las caras de shock de los participantes al conocer la sanción; Martín y Brian se mostraron muy enojados, mientras Nazareno hizo mea culpa admitiendo que tardó en levantarse al oír su nombre en los gritos, pidiendo perdón aunque no fue intencional. Brian explotó contra Pincoya, acusándola de no reaccionar rápido y comparándola con su actitud en el Gran Hermano de Chile, donde jugaba con la comida de todos.
El debate en el programa cuestionó si las sanciones deberían ser individuales, dando nombres de culpables, en lugar de colectivas que perjudican a inocentes con menos comida y espacios reducidos. Panelistas destacaron el impacto en 20 participantes restantes, dietas específicas y el cansancio de la producción por reiteradas infracciones. Lolo Poggio no se hizo cargo, y otros como Titi y Daniela también participaron en charlas post-gritos.
La discusión extendió a tensiones internas: la casa critica a Pincoya como la más odiada, Brian la expuso públicamente, y ahora hablan de Grecia vs Sili, con Grecia activa pese a la sanción y Sili harta de su frescura. Predicciones de placa señalan a La Maciel, Martín o Nazareno como posibles eliminados esta semana.
Panel comparó con ediciones pasadas, enfatizando que la rebeldía constante genera castigos más duros y afecta convivencia, comida y estrategias de juego.