Cada vez más vecinos dejan de pagar expensas por falta de plata, generando angustia, deudas con intereses y riesgos legales para consorcios enteros.
Un caso relata cinco meses sin pagar priorizando prepaga y vida diaria, pese a comprensión parcial del consorcio; otro empresario de arreglos generales ajusta pagos a empleados y proveedores para sobrevivir.
Dueño de negocio de vinilos de 30 años acumula ocho meses de deuda, eligiendo entre pagar expensas o comer/vestir, con vecinos que cambian mirada y economía consorcial afectada.