Un niño de 12 años descubrió el cuerpo de su madre Giselle, de 35 años, enterrado en un pozo del patio de su casa en Francisco Solano, Claypole, tras sospechar por tierra removida desde el 2 de abril. El menor, llamado Joel, insistió en buscarla pese a que su madre padecía adicciones y había perdido la custodia de sus seis hijos, que vivían con la abuela.
Joel notó la tierra fresca al costado de la vivienda el 2 de abril, pero un hombre le impidió entrar. Al día siguiente repitió la visita y el sábado último encontró la puerta abierta, introdujo un palo en el pozo, sintió algo y pidió una pala a un vecino. Juntos cavaron, hallaron el brazo de Giselle con un tatuaje reconocible, y el niño gritó "es mi mamá" antes de llamar al 911.
La víctima convivía desde hace tres meses con Brian Lesta, de 30 años, robusto y rubio, ahora prófugo y en situación de calle en Buenos Aires. La policía cree que él cavó el pozo tras el femicidio, ocurrido alrededor del 2 o 3 de abril. Lesta prestó la pala al vecino sin imaginar su uso anterior, y ambos tienen antecedentes menores como robo agravado y lesiones.
La fiscal Marcela Juan, de Lomas de Zamora, dirige la búsqueda intensiva con la DDI, complicada por la vida errante del sospechoso, aunque su difusión mediática podría ayudar o entorpecer. Los hijos reciben tratamiento psicológico con la familia, que casi obtenía la guarda definitiva. Panelistas lamentan la vulnerabilidad por adicciones, pobreza y falta de asistencia estatal en un femicidio número 68 del año.
La casa deteriorada pertenecía a la madre de Giselle, quien pasaba semanas en la calle por consumos problemáticos. La familia niega violencia previa conocida, pese a sospechas, y resalta la valentía de Joel en medio del horror.