Una mujer relató que tras separarse se quedó sin trabajo ni para comer, dejando a sus hijas con el padre e ingresando en un estado depresivo extremo donde no se levantaba de la cama ni comía.
Su madre la invitó a la iglesia, donde empezó a participar los lunes, consiguió empleo y, mediante un pacto con Dios y obediencia en la fe, trajo a sus hijas consigo aunque el sueldo no alcanzaba.
Conquistó su peluquería propia en el centro de Berazategui hace dos años, en el mismo lugar donde trabajó 11 años bajo dependencia.
Hoy come lo que quiere, viaja, no tiene carencias y presta dinero, atribuyendo todo a Dios que creó las condiciones de la nada.