Luis Castruccio, italiano inmigrante pobre llegado en 1878, se convirtió en el primer envenenador registrado de Argentina al matar a Augusto Boullotte Constantin, francés contratado como vidente, para cobrar su seguro de vida en La Previsora del Hogar donde figuraba como cuñado.
Tras publicitar empleo, ganó confianza del francés, lo adormeció con cloroformo y envenenó con estricnina en alimentos, simulando cuidados médicos; tras muerte en 1890, reclamó dinero pero contradicciones y libreta codificada con registro de agonía lo delataron.
Condenado a muerte, indultado por Miguel Juárez Celman, cumplió perpetua escribiendo poesía sobre amor y veneno en hospicio psiquiátrico hasta la década del 20.