Irán enfrenta una lucha de poder interna en sus 47 años de historia que genera mensajes contradictorios al mundo, como la apertura y cierre del Estrecho de Hormuz. El 17 de abril, Donald Trump anunció su apertura confirmada por el ministro de Exteriores, pero la Guardia Revolucionaria Islámica criticó la falta de condiciones y al día siguiente un portavoz militar declaró su cierre con ataques a buques.
En la primera ronda de conversaciones en Islamabad el 11 y 12 de abril, la delegación iraní de 80 personas mostró tensiones internas, con figuras como Mahir Takhrabachi, artífice del acuerdo nuclear de Obama en 2015, y Mohamed Navabian, un agitador antiestadounidense. Los mediadores paquistaníes tuvieron que intervenir entre iraníes.
Se divide entre nacionalistas pragmáticos, que buscan levantar sanciones intercambiando aliados, y islamistas ideológicos, que defienden confrontación nuclear como Corea del Norte y control del Hormuz como peaje. El presidente del parlamento iraní, Ghalibaf, vinculado a la Guardia Revolucionaria, rechazó negociar "bajo la sombra de amenazas" de Estados Unidos vía X, acusándolos de violar el alto al fuego.
Los medios estatales iraníes rechazan retomar conversaciones de paz, y multitudes pro-régimen se movilizan. Cualquier pacto con Estados Unidos podría desmoronarse por estas divisiones profundas.