El régimen iraní impone condiciones drásticas para cualquier diálogo con Estados Unidos e Israel en Islamabad, comenzando por el levantamiento inmediato del bloqueo naval estadounidense en el estrecho de Hormuz, calificado como ilegal tras la detención reciente de un buque de bandera iraní.
Irán rechaza demandas maximalistas contradictorias de Washington y acusa un teatro diplomático sin garantías concretas. El ala política exige un horizonte claro hacia un acuerdo, mientras la Guardia Revolucionaria, el sector duro, demanda levantamiento total de sanciones, liberación de activos congelados por miles de millones de dólares, reparaciones por daños de guerra y derecho a enriquecer uranio pacíficamente, rechazando desmantelar su programa nuclear.
Donald Trump sostiene que un acuerdo es posible, pero Teherán insiste en concesiones reales de Washington o no habrá mesa de negociación. Sin avances, la tensión persiste en la región, con el ala militar iraní marcando límites irreductibles que la parte política deberá negociar.