El hijo de 12 años descubrió el cuerpo de su madre enterrado en un pozo de la casa precaria donde vivía con su pareja, el principal sospechoso del femicidio que permanece prófugo con antecedentes penales.
El menor insistió varias veces por ver a su mamá desde el 2 de abril, pero el padrastro le dijo que no la vería nunca más; impulsivamente entró, vio tierra removida a metros de la puerta y con sus manos desenterró el brazo reconocible por un tatuaje, encontrándola en avanzado estado de descomposición y con un trapo en la boca.
La víctima tenía seis hijos, incluida esta criatura que vivía con su abuela a media cuadra porque la Justicia le quitó la tenencia por consumo de estupefacientes; vecinos niegan haber oído gritos ni peleas, y describen la casa como una tapera en un barrio de marginalidad y pobreza.
Periodistas recorrieron el lugar, hablaron con vecinos y familiares que piden respeto; el nene corrió a avisar a su tía, quien llamó al 911, y la Policía confirmó el horror el sábado pasado.