Tras el cruce con Brian por los gritos en la casa, La Pincoya fue al confesionario y reclamó agresivamente al Gran Hermano, diciéndole de todo.
El Gran Hermano la confronta directamente, la acusa de conductas irrespetuosas, arrebatos injustificados, conspiraciones absurdas y cuestionamientos a su honestidad y transparencia. Le advierte que no interviene en el juego y le abre la puerta giratoria para que se retire si se siente a disgusto, o que reflexione y acate las normas.
La Pincoya responde que no se irá por la giratoria, sino por la puerta grande cuando el público la saque, decide quedarse y espera que la saquen por votación. El intercambio termina con ella afirmando que nunca ha sido cobarde.