El presentador del programa se dirigió a personas en situación de pobreza extrema, desesperadas por hambre y tentadas a robar o pedir prestado, prometiendo mostrar una salida divina y un testimonio de superación.
Invitó a la audiencia a sintonizar para ver la historia de Daniel, quien antes de unirse a la Iglesia tenía una vida precaria con pisos de tierra y falta de comida alternada entre mañanas y noches.
Daniel perdió su trabajo, entró en caos con hijos sin alimento en el colegio, y recurrió a robar ofrendas de curanderos y brujos, lo que enfermó a su familia con problemas estomacales graves.
Toda su familia murió, quedándole solo una hija y un bebé, en una situación de desesperación total que él describe como explosión mental.